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Full text of "La muñequita sabia : comedia en un acto y en prosa"

» J k, u 



ENRIQUE LQPEZ-MARIN 



LB mlEIIITI illll 



COMEDIA 



en orí aoto y ©r» prosa, original 



Copyright, N Enrique hdpez-Marín, 1910 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Núñez de Balboa, 12 

ÍSIO 



f 



LA MUÑEQUITA SABIA 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traduoción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de représentation, de traduction et de repro- 
duotion reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de, la Norvége et la Hollando. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LA MUÑEQUITA SABIA 



COMEDIA 



©n un acto y ©n prosa 



ORIGINAL DB 



ENRIQUE LÓPEZ-MARÍN 



Estrenada en el COLISEO IMPERIAL el 30 de Mayo de 1910 



■*- 



• MADRID 

M, T1LABOO, XMP., MAEQÜBS 1>B SAWT1 ▲*▲, 11 ©OT\ 

Teléfono número 661 

1910 



x^n la liudíéituct ctatlió 

/Matilde ¿Csqüerino 



eu íeáíiuióuíO de admhaetóu u cticddub 



4u vueu ¿Hhícló 



C. 'x.ójiey^jía^íu, 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

LA SEÑORITA KETTY Matilde Asquerino. 

LA SEÑORA DIANA . . María Santoncha. 

MAYA, moza de servicio. . . . .- G. Muñoz Sampedro 

SIRIA, jardinera Juana Espejo. 

GERMANA, ídem Josefina Infiesta. 

EL SEÑOR GRIM, preceptor Manuel Espejo. 

LORD CLAYTON, médico Manuel Soto. 

GLO VER, joven pastor José Isbert. 

SIB, jardinero Juan M. Román. 

PÓMULO, pescador ► . ...... Francisco Roig. 

EL MORÍ TO, viejo mendigo Manuel Martín. 



ba acción en la ciudad de Oban (Escocia septentrional). 
Época presente 



Por derecha é izquierda, las del actor 



Nota. Al final va incluida la canción de Glover que, el 
autor de este libro, debe á la amabilidad de su buen amigo 
el Maestro Mateos. 

Claro está que, el actor, debe cantarla sin que le acompañe 
ningún instrumento, mas con la afinación y el buen gusto que 
merece tan bella página musical. Como la cantó Pepe Isbert, 
que nos ha resultado un pequeño Titta Ruffo. 






ACTO ÚNICO 



Exterior de una casa de campo á la entrada de la ciudad. En la de- 
recha, casa de dos pisos, cuya puerta de entrada se halla precedi- 
da de tres ó cuatro escalones y una meseta ó plataforma cubierta 
por pintoresco emparrado. En la izquierda, árboles. Al fondo, la 
bahía de Oban; detrás y lejos montañas de verde y exuberante 
vegetación; en una de ellas se ve la silueta de un castillo de as- 
pecto severo y monumental. Plena luz del día. Animación en el 
cuadro. 



ESCENA PRIMERA 

MAYA, SIRIA y GERMANA, sentadas sobre pequeños taburetes, ha- 
cen ramos con flores y ramas que toman de varios cestos colocados 
delante de donde se hallan las jardineras. El jardinero SIB, subido en 
otra banqueta, simula podar y arreglar el emparrado que cubre la 
plataforma de la casa. RÓMÜLO compone una red de pescar. El MO- 
RITO, sentado sobre un tronco de árbol, en el centro de la escena, 
canta, acompañándose de un viejo y destartalado acordeón ú otro 
instrumento por el estilo 

Mor. (Terminando su canción popular.) 

Y aquella noche el pastor 

halló en su choza al volver 

lo que, de seguro, nunca 

hubiera querido ver. 
Varios ¡Bien, bien!... ¡Morito! 
Maya Oye, Sib; aprende para cuando te cases. 



669761 



— 8 — 

Sib ¡Bah!... ¿Quién hace caso de consejas?... 

Mor. Esto que habéis oído es una vieja historia y 

la historia es la que enseña. 

Siria ¡Ya lo creo que enseña! 

Sib Eso será verdad, pero no ha sucedido. 

Ger. Este no lo necesita; lo sabe todo. (Burlándose.) 

Mor. Mira, muchacho, que tengo más años que 

tú. Las mujeres son como las plantas; en 
cuanto se las abandona se desarreglan. 

Rom. ¡Ni más ni menos! 

Sib ¡Allá ellas! 

Mor. Y lo de las plantas... aún; pero si una mu- 

jer se tuerce... tiene mal avío. 

Sib Con una buena vara de nudos, vuelven en 

seguida al camino real. 

Siria ¡Qué bárbaro! 

Maya ¡Con una vara!... Y á vosotros, ¿con qué?... 

Ger No le hagáis caso; estos que hablan así son 

los que, después, se quedan en casa cuidan- 
do el puchero y los niños. 

Sib ¡Qué más quisieras tú que hacer la prueba 

conmigo!... 

Ger ¿Yo, contigo?... ¡Ni que estuviera loca! 

Mor. ¿Hay algo para el cantor?... 

Maya Poco será, Morito, que somos pobres. 

Mor. Lo mismo se agradece la buena voluntad. 

(Kecoge algunas monedas que le dan varios.) ¡Salud 

para trabajar y ganar muchol 
Rom , ¡Lo que es trabajando!... 

Siria Anda con Dios. 

Sib Y aquí no cantes más historias de matri^ 

monios. 
Mor ¿No? 

Sib Enseñas á las mujeres lo que no deben 

aprender. 
Mor. Que no aprendan más que lo bueno, que lo 

malo se sabe sin aprenderlo. ¡Dios os guarde! 

(El Morito hace mutis por la izquierda.) 

Maya ¡Cuánta sentencia sabe este pobre viejo!... 

Sib ¡De buena cosa le sirven!... 

Maya ¡Y tanto! 

Sib Para pedir limosna. Si á todos los sabios les 

pasa lo mismo... prefiero ser un animal toda 

mi vida. 



— 9 — . 

Rom. No está mal discurrido. Así, por lo menos, 

no tienes quebraderos de cabeza. 

Sib Es mucho más cómodo que se lo den á uno 

todo pensado. 

Maya ¡Bueno andaría el mundo con dos sabios 

COmO eStOS dos!... (Risas de las otras mujeres.) 

ESCENA II 



DICHOS menos el MORITO. 



Por la puerta de la casa la SEÑORA 
DIANA 



Diana 
Maya 
Diana 

SlB 

Diana 

Maya 

SlB 

Diana 

Siria 

Diana 

Oer. 

Diana 

Siria 



Diana 

Oer 
Diana 



SlB 

Diana 

Rom. 

Diana 

Rom. 

Diana 

Maya 



¿Estabais trabajando con música?... 

(Aparte alas otras.) ¡La Señora!... 

¿Calláis todos?... 
Señora Diana. . 
¿Qué músicas eran esas?... 
El viejo Morito que nos cantó una conseja 
de mucha enseñanza. 
¡Y algo picante!... 

Pues... ya sabéis que no me gusta eso en las 
horas de trabajo. 
Casi es la hora de comer. 
¡Menos! 
¿Por qué? 
Por... el picante. 

No nos regañe usted, señora Diana... Oyen- 
do cantar parece que pasa el tiempo sin sen- 
tir y cunde más la labor. Vea usted si hay 
flor preparada para el mercado... 
No quiero que se venda nada hoy, y menos 
las flores. 

¿Las va usted á regalar?... 
A la viajera. ¿No sabéis quién llega hoy á 

Oban?... (Todos niegan y se acercan á Diana.) La 

señorita Ketty. 

¿La hija de los Condes?... 

¿Cuál ha de ser? 

Hermosa muchacha. 

¿Cómo lo sabes? 

Nos enseñó usted el retrato. 

Es verdad. Viene con su preceptor; es decir, 

con mi marido. 

Nuestro amo el señor Grim. 



— 10 — 



Diana 



Todos 

Diana 



SlB 

Siria 
Diana 



SlB 

Diana 

Siria 

Diana 

Siria 

Ger 

Diana 



SlB 

Diana 

SlB 

Siria 
Maya 
Diana 

SlB 

Diana 



Varios 
Siria 
Sib 
Todos 

Diana 

Maya 
Diana 



Y en obsequio de los viajeros ni vais al mer- 
cado, ni se trabaja esta tarde. Hacemos me- 
dia fiesta sin perjuicio del jornal. 
(Muy contentos.) ¡Bien!... ¡Bien!... 
^Haraganes!... ¡Cómo os alegráisl... ¿Qué ten- 
drá el trabajo que en tocando á descansar, 
nadie protesta?... No necesito encargaros el 
recibimiento que merece la señorita... 
¡Ya lo verá usted! 

¡No faltaba más!... (Los otros asienten.) 

Sus difuntos padres, los dueños del famoso 
castillo, hicieron mucho bien por la ciudad 
y especialmente por todos nosotros. 
¿Ya será una mujercita? 
Hoy entra, precisamente, en la mayoría de 
edad. 

¿Qué ha hecho en Edimburgo tanto tiempo? 
¡Educándose como pocasl 
¡De p-queña era muy lista! 
¡Figúrate ahora!... 

Dice mi marido que es un asombro lo que 
sabe, lo bien que se expresa, cómo discurre... 
Sus profesores están admirados y le han 
puesto de mote «la muñequita sabia.» ¡Co- 
mo es tan monina!... 
No tendrá novio. 
¿A ti qué te importa? 
A mí me convendría una huérfana así. 
¡No lo jures! 

¡Para tí la han estado educando!... 
¡Quita de ahí, pelele!... (Risas.) 
Un hombre trabajador puede aspirar... 
Bueno, déjanos en paz. Marchaos á comer y 
estad á la mira para cuando llegue el coche 
de la estación. 

Sí, señora; no tenga usted cuidado. 
¡Saldremos á esperarla!... 
¡Viva la señora Diana!,.. 

¡Viva! (Mutis por el fondo derecha.— Maya queda re- 
cogiendo los cestos, bancos, etc.) 

Es gente dócil y agradecida. 
¡Muy buenos, señora! 

¡Ay, qué ganas tengo de abrazar á esa chi- 
quilla! 



— 11 — 



Maya 

Diana 

Maya 
Diana 



Maya 
Diana 



También la señorita se alegrará mucho de 
verse aquí. 

Eso dice en todas las cartas. ¡No la hemos 
visto hace seis años! 
¡Cómo se va el tiempo, señora! 
£1 tiempo, no, nosotros. Mira, da otra vuelta 
por ahí dentro. Que no haya cosa que no- 
esté en orden. La señorita está muy acostum- 
brada á las comodidades. 
Ahora mismo. 
Sobre todo, su habitación. 

(Mutis Maya por la casa. Breve pausa. Glover aparece 
por el fondo izquierda.) 



ESCENA III 

DIANA, GLOVER el pastor. Trae en una mano una cestita cubierta 

con hojas verdes y en la otra una cayada ó pasa montañas. Luego 

MAYA, que vuelve de la casa 



Glover 

Diana 

Glover 

Diana 

Glover 



Diana 
Glover 
Diana 
Glover 

Diana 

Glover 

Diana 

Glover 

Diana 

Glover 

Diana 

Glover 



¡Dios la guarde, señora Diana! 

¡Glover!... ¿Tú por aquí?... 

Pocas veces ocurre, ¿verdad? 

¿Bajas del castillo en busca de viajeros? 

Con un poco de fruta para la señora Ciar- 

mont, la del cervecero, y á pedirle á usted 

una meiced. 

¿Qué quieres? 

La escopeta del señor Grim. 

¿Qué vas á hacer? 

Ajustarle las cuentas á una raposa que me- 

come las gallinas. 

¿No te sirve la honda?,.. Tan bien como la 

manejas... 

Es más segura una bala. 

Bueno. Te llevarás la escopeta. (Medio mutis.) 

No. Antes voy á entregar la fruta. Luego* 

vendré por ella. 

Quizá te encuentres aquí con una viajera 

muy bonita. 

¿Va á subir á la montaña?... 

¡La señorita Ketty! 

¿Ketty?... 



— 12 — 

Diana ¿No te acuerdas?... Nuestra pupila. 

•Glover ¡Ah, sí! .. La heredera del castillo. Jugaba 
conmigo de pequeña. ¡No la he olvidaol 
¡Cuántas veces le ataba yo la cinta del pelo 
y la cogía en brazos para alcanzar los raci- 
mos de esa parra! ¡Bonita muchacha! ¡Más 
íevoltosa!... Tenía aficiones de chico. Saltaba 
los arroyos, trepaba por los arboles, maneja- 
ba la honda con la habilidad de un pas- 
tor... ¡Sí, sí; Kettina!... ¡Ya lo creo que me 
acuerdol 

Diana Vuelve de Edimburgo hecha una mujer... 

Ya la verás. 

Glover No señora, no la veré. Subiré al castillo en 
cuanto despache y acaso antes que ella 
llegue. 

(Maya sale, de la casa y tragina por la escena recogien- 
do flores.) 

Diana ¿No quieres verla?... 

Glover ¿Pflra qué?... Ya no podré atarle la ciota del 
pelo ni cogerla en brazos... A ella misma le 
daría reparo que yo recordase estas cosas. 

Diana ¡Bobalicón! 

Olover Voveré por la escopeta y... ¡arriba! Quiero 
llegar al castillo con sol y ponerme al ace- 
cho. ¡Esta noche le canto yo el funeral á esa 
ladrona! 

Diana ¡Pues anda con Dios, hombre! 

Glover ¡Hasta luego, señora Diana! (Mutis por el fondo 

izquierda.) 

Diana ( * Maya.) ¿Qué te parece? 

Maya ¡Es tonto!... ¡Vaya una timidez!... Un moce- 

tón de veinticinco años ¡y huir de las mu- 
jeres!,.. Siempre ha hecho lo mismo. 

Diana ¡Ay de ti... el día en que suba el Amor por 

el sendero arriba y llame á la puerta de tu 
choza! 

Maya Lo recibirá con la escopeta. 

Diana No lo creas; le abrirá los brazos. Es que no 

ha llegado su momento. 



ESCENA IV 



DIANA y MAYA. Por el fondo derecha SIB, que llega corriendo- 
y muy contento 



SlB 

Diana 

SlB 

Diana 
Sib 

Diana 

Sib 
Diana 

Maya 

Diana 

Sib 



Diana 

Sib 

Diana 



Maya 
Diana 



¡Señora Diaua!... ¡Señora Diana!... 
¿Qué te ocurre?... ¿Vienen ya? 
¡Ya están ahí todos! 
¿Todos?... ¿Cuántos son? 
El amo, la señorita y un señor muy elegan- 
gante que no sé quien es. 
¿Un señor? 

Joven, de buena figura... 
¡Ah!... Ya sospecho... Lord Clayton. 
Será ese médico que le hace el amor á la 
señorita. 

Sí; lo decían en la última carta. 
Los he visto bajar del coche y he echado á 
correr. Si no es por el amo no conozco á la 
señorita. 

Lo creo. ¿Hecha una mujer, no? 
¡Muy guapa!... ¡Y eso que á mí no me gus- 
tan todas] 
¿No os lo dije? 

(Humores dentro de gente que se acerca hablando 

fuerte.) 

(Saliendo al encuentro.) ¡¡Señorita!!... 

¡Me parece un sueño que esté aquí ya! 

(Los tres salen al encuentro de los que llegan por el 
fondo derecha, dando grandes muestras de alegría.) 



ESCENA V 

DICHOS. Por el fondo derecha, en este orden, RÓMULO, SIRIA, 
GERMANA, la SEÑORITA KETTY que, al ver á Diana, se precipita 
alegre en sus brazos; LORD CLaYTON y el SEÑOR GRIM. Mucha 
animación en la escena. La gente de labor viene alborotando y vito- 
reando á Ketty. Detrás de todos y poco después, un mozo del coche 
entra con trastos de viaje en la casa. Sale á poco sin ellos. Grim le- 
da dinero y el mozo hace mutis por donde salió á escena 

Ketty ¡Mi buena Diana! 

Diana ¡Hija mía!... ¡Qué hermosa estás! 



— 14 — 



Grim 
Clay. 
Grim 

Diana 

Maya 

Siria 

Sib 

Eóm. 

Sib 
Diana 

Grim 
Sib 

Todos 
Ketty 



•Grim 

Ketty 

Sib 

Todos 

Ketty 

Grim 

-Clay. 
Grim 

Ketty 

Grim 
Ketty 



ClaY. 

Ketty 
:Sib 



(Abrazando á Diana.) ¡Salud, mujercíta mía! 

¡Señora... mucho gusto! 
(presentándole.) Lord Clayton,.. Médico emi- 
nente; gran amigo nuestro... ¡Mi mujer!... 

(Saludando.) ¡MÜOrd! 

(A las jardineras.) ¡Qué elegante! (Por Ketty.) 

¡Como una condesa! 
¡Bonita mujer! 

(a sib.) ¿A que no te atreves ahora á decirle 
algo? 

Porque me da respeto. 
¡Hoy está de fiesta la casa! 
¡Como que os traigo la felicidad! 
¡Viva la señorita Ketty! 
¡Viva!.. 

¡Gracias!... Muchas gracias por vuestro reci- 
bimiento. No me habéis olvidado. Yo tam- 
bién os recordaba con gusto. Entre vosotros 
pasó placentera mi niñez... Aquí me tenéis 
de nuevo. Quiero volver á ser vuestra, hallar 
aquí mi dicha... Conste mi gratitud por 
vuestra bienvenida y bebed á nuestra salud 
un barril de la mejor cerveza. 

(Con reconvención.) ¡Niña! ¿Qué es eSO? 

He dicho mal: dos barriles. 
;Viva la señorita! ' 

¡Viva! 

No me lleves la contraria, querido precep- 
tor, porque doblo la cerveza. 
No; que la doble es más fuerte y se embo- 
rrachan antes. 

(a Grim ) ¡La mayoría de edad! 
(a Lord ciayton.) ¡La altivez de su indómita 
raza! 

Y ahora, amigos míos, permitid que me 
despida de vosotros hasta luego. 

(Aparte á Lord Clayton.) Ya los echó. 

Quiero charlar un rato con mi buena Diana 

y arreglar mi toilette, un tanto descuidada... 

¿No es cierto, Lord Clayton? 

Señorita, la sencillez es la mejor prueba del 

buen gusto. 

¡Oh! ¡Siempre tan galante! 

(a Grim.) Esos barriles, señor Grim... 



— 15 



Orim ¡Luego,, hombre, luego!... ¡. 

Sib Son dos. 

Orim ¡No se me olvida! 

Sib ¡Bien venida, señorita Ketty! 

Rom. ¡Bien venidos sean todosl 

Siria ¡Adiós, señorita! 

Oer. ¡Hasta luego! 

KETTY ¡Adiós!... ¡Adiós! (Mutis animado. Sib, Rómulo, Si- 

ria y Germana, por la izquierda. Ketty les acompaña 
j . hasta la lateral, correspondiendo á sus saludos y aten- 

ciones ) 

Diana ¡No me canso de mirarla!... ¡Es un encanto! 

Orim Ya verás cómo está educada',.. ¿Verdad, 

milord? 

Olay. ¡Es usted el preceptor modelo! . 

Orim ¡Be hace lo que se puede! 

Ketty (volviendo ai centro de la escena ) Tengo unas ga- 

nas de correr por aquí, saltar, matar pája- 
ros... ¡Qué bonito panorama 1 ... Diana, ven; 
vamos á curiosear por la casita... 

Diana Lo que quieras. Mira, aquí tienes á Maya... 

Ketty ¡Guapa! ¡Coloradota! ¿Soltera? 

Maya (con cierto rubor.) ¡Sí, señorital 

Ketty Mujer. . ¿en qué piensas? 

Orim Pregunta en qué piensan ellos. Por ésta no 

habrá quedado. 

Ketty Yo te buscaré novio. Ven con nosotras. ¡Qué 

alegre estoy!... Señores... con permiso. Va- 
mos á revolver por ahí dentro. , 

Diana ¡Loquilla! 

Ketty ¡Ay, Diana! Vengo aburrida de tanta co- 

rrección, de tanta ceremonia. 

DlANA Hasta ahora. (Lord Clayton saluda con una incli- 

nación. Ketty, Diana y Maya hacen mutis por la easa 
riendo y charlando.) 

Orim ¡Es un diablillo! 

Oiay. . ¡Un diablillo encantador! 

Orim Ya he tenido ocasión de observar que us- 

ted... 

Ola y. Señor Grim... ocultarlo sería inocencia. Es- 

toy verdaderamente enamorada. 

Orim ¡Esa será mi gran amargura! 

OlaY. ¡Hombre!... (Con extrañeza.) 

Orim Entiéndame usted... Quiero decir que la 



— 16 — 

niña se hace mujer, la mujer se casa y me 
quedo sin ella... 

Clay. ¿No habrá usted soñado una tutoría eterna? 

Grim ¡No, milord! Ya sé que algún día ha de se- 

pararse de mi lado. Por eso he querido es- 
merarme educándola Ha frecuentado la 
buena sociedad, sabe lo que es cortesía, 
come con elegancia, habla idiomas, conoce 
la historia, no toca ningún instrumento... 
En fin, no le falta nada para hacer la feli- 
cidad de un hombre. 

Clay. Nadie hubiera conseguido más. Volviendo 

al asunto... No es cosa de alarmarse tan 
pronto por una separación inevitable. To- 
davía ignoro si Ketty corresponde á mis 
sentimientos... ¿Le ha hecho á usted alguna 
indicación? 

Grim Nada. Ni de usted ni de nadie! ¡Es tan re- 

servada! 

Clay. ¿No podré acariciar ninguna esperanza por 

remota que sea? 

Grim Verá usted... La raza Dumbarton, de la más 

purísima sangre azul, ha sido siempre muy 
singular. Ketty desciende de... 

Clay. Lo sé; raza de reyes. 

Grim No desmiente su abolengo. Firme voluntad, 

inteligencia, altivez, gesto rígido, mirada 
inquisitiva... Jacobo V, clavado; rey de Es- 
cocia en 1542. Sin embargo, tiene rasgos 
más salientes de la rama de Enrique VIH. 
Ya sabrá usted que... 

Clay. Conozco perfectamente la historia de mi 



Grim Es la primera obligación de todo buen ciu- 

dadano. 

Clay. Usted, si quiere, puede inclinarla en mi 

favor. 

Grim Siempre... 

Clay. Muy agradecido. 

Grim Siempre que ella no se oponga. Ya ha visto 

usted que en la menor contrariedad... ¡Oh! 
Es el vivo retrato de María de Lorena... Un 
espíritu inquieto que.;. 

€láy., (interrumpiéndole.) Resultado de no sujetar su 



- 17 — 

imaginación. Ha dado usted demasiados 
vuelos á su fantasía... Le ha enseñado usted 
cosas que, probablemente, no necesitaba 
aprender. 

Grim Sabe mucho más de lo que le han enseña- 

do. No hay nada que se resista á su modo 
de ser. 

Clay. jExtraña criatura! 

Grim ¡Un alm-i briosa, una fierecilla! 

Clay. Me ha dicho que, en muy poco tiempo, le 

han hecho el amor un abogado, dos oficia- 
les, un marino, un lord y un par. 

Grim Total, tres pares, y á los tres les diría que 

nones. 

Clay. Yo le hablaba entonces de mi afecto... 

Grim ¿Y qué dijo Ketty? 

Clay. Que... cuando yo supiera amar de un modo 

nuevo, original... hablaríamos. 

Grim ¿No es usted médico? 

Clay. ¿Y qué? 

Grim A ver si da usted con una fórmula para... 

Clay. La ciencia mía no enseña esas cosas. Por 

otra parte, Ketty es de un carácter incom- 
prensible. 

Grim Atavismo de familia. David, hijo de Ale- 

jandro de Escocia... 

Clay. Deje usted en paz á los reyes y ayúdeme á 

interesar el corazón de esa gran desdeñosa. 



ESCENA VI 

LORD CLAYTON, GRIM. Por la casa sale RETTY con una escope- 
ta. Se para un momento a escuchar, sin ser vista de los anteriores y 
sin bajar de la meseta 

Grim Me pide usted una cosa muy fea... Esas vic- 

torias debe conquistarlas el interesado por 
su cuenta. En mis tiempos había esa cos- 
tumbre. 

Clay. Y ahora también. 

Grim Además, si le quiere á usted por mis conse- 

jos es que prescinde de sus méritos. 

2 



— 18 — 

Ketty (Asintiendo.) ¡Muy bien dicho! 

Clay. Tiene usted razón. 

Grim ¿Está usted enamorado? 

Clay. ¡Como un locol 

Grim Pues... ¡adelante! que la constancia es el ca- 

mino de la fortuna. 

Clay. Estoy empezando. 

Grim ¿Y qué?... Más cerca estará usted del fin 

cuanto más se aleje del principio. Esto es 
lógico. 

Clay. No hay cosa que engañe tanto como la ló- 

gica. Én amor sobre todo. Vea usted. Cuan- 
to más deferente la supongo y me atrevo á 
decirle, por ejemplo:— Ketty, no* sea usted 
esquiva, su indiferenca es un martirio... 
Sonríe y me contesta: 

Ketty (interponiéndose.) Lo mismo me decía el oficial 
y estaba casado. 

Clay. ¡Señorita!... 

Grim (conteniendo la risa.) ¡Pero, niña!... 

Clay . Lleva usted una montaña de nieve sobre el 

corazón. 

Ketty ¡Muy benita frasel... (a «rim.) ¿Verdad? .. 

GRIM Verdad. (Fijándose de pronto en la escopeta.) ¿Qué 

es eso? 

Ketty ¿No lo ves? Una escopeta. 

Grim ¿Y no sabes tú que las armas de fuego...? 

Ketty ¿Qué tono es ese? ¡Vaya, vaya, querido 
Grim, simpático y celosísimo preceptor, no 
estamos en Edimburgo! 

Grim Ya lo sé. 

Ketty Quiero libertad absoluta. Aquí dispongo yo. 

Grim ¿Cómo? 

Ketty Es decir... si tú quieres resignar el mando. 

Grim ¿Oye usted, milord?... «Si yo quiero resig- 

nar el mando...» (a Ketty.) Quiero. 

Ketty ¡Tenía la seguridad de que no te negabas! 

Grim Como que si me niego es igual y me pone 

en ridículo, (a Lord.) ¡El absolutismo! La 
nota saliente de su antecesor el famoso... 

Clay. Señorita... 

Ketty (Tendiéndole una mano.) ¿Se va usted, milord? 

Clay. Voy á disponer mi instalación en Oban, á 

recoger el equipaje... 



— 19 — 

Ketty ¡Busque usted posada cerca del objeto de 
sus amoresl 

Clay. ¿Se burla usted? 

Ketty ¿Cómo puede usted creer?... Una broma 

inofensiva de buenos amigos. 

Clay. ¿No puedo aspirar al ascenso? 

Ketty ¡Es tan peligroso comprometer una pala- 

bra!... 

Clay. Usted compromete pocas. 

Ketty ¡Me da miedo! 

Clay. ¿No cree usted en las mías? 

Ketty He empezado muy pronto á dudar de las 

palabras, porque ustedes dicen siempre las 
mismas cosas. Parecen estudiadas en libros 
de texto. Filosofía, Geografía, Sicología y 
Galantería. (Riendo.) 

Grim Otra asignatura. 

Ketty Con audacia ó con timidez, con lisonjas ad- 

mirables ó exquisitas delicadezas, todos, abo- 
gados y marinos, oficiales y lores, me han 
dicho lo mismo. Creer á todos, sería inocen- 
cia; no creer á ninguno, exageración. ¡Esta 
es la duda! La duda es el primer inconve- 
niente y como el primero abre la puerta á 
los demás, vea usted por donde esto del 
amor, está lleno de inconvenientes. 

Grim (¡Anda, toma filosofía!) 

Clay. No todos los hombres... 

Ketty Milord, es usted un hombre fino, amable, 

bien educado, como un cortesano de 
Luis XIV. (a Grim.) ¿No eran así los de...? 

Grim ¡Exacto! ¡Esto es enseñar historia! 

Ketty (a Lord.) No me es usted indiferente ni anti- 

pático... j Ay, pero su insistencia no tiene re- 
poso! Nos ha hecho usted el honor de acom- 
pañarnos dispuesto á pasar el verano en 
Oban creyendo que así no tendré más reme- 
dio que verle, oirle y... ¡amarle!... ¿No es 
esto? Pues, bien, si lo ha pensado de este 
modo, yo tengo derecho á suponer que quie- 
re usted cobrar con usura el honor que 
le debemos. 

Grim (¡Este se va y no vuelvel) 

Clay. Señorita... alcanzo todo el valor de esa su- 



— 20 — . 

posición y le pido á usted permiso para rew 
gresar á Edimburgo esta misma tarde. 

Grim (¿No lo dije?) ó 

Ketty ¡Muy bien! ¡El extremo opuesto! 

Clay. ¿Le contraría á usted mi decisión? 

Ketty ¡Ahora se hace la víctima! 

Clay. ¿Cómo acertar? 

Ketty Milord. . el menos audaz de los guerreros, 

si no puede avanzar hacia el enemigo, tiene 
la serenidad de no volver la cara. 

Clay. Eso quiere decir... ) 

Grim (Quiere decir que te ha hecho un lío.) 

Clay. Huir del campo no es perder la batalla. 

Ketty No es perderla, pero es abandonarla. 

Clay. Tendré presente la lección. 

Ketty (Riendo.) ¡Adiós, amigo mío!... Vaya usted en 

busca de hospedaje y... hasta luego. 

Clay. (con intención.) ¿Hasta luego? 

Ketty Sí, milord... hasta luego. (Marcando mucho. 

Lord Clayton saluda y hace mutis por la izquierda. 
Al mutis de éste, Grim suelta el trapo á reir.) 

Grim ¡Buen veranito se le presenta! 

Ketty ¿De qué te ríes, Grim? 

Grim ¡Pobre muchacho!... ¡Le tratas sin piedad! 

(Ketty deja la escopeta apoyada en la casa.) 

Ketty ¿También eres tutor de sus ilusiones? 

Grim ¿Yo?... ¡Dios me libre!... 

Ketty Bueno, (pausa.) Oban me parece más risue- 

ño que nunca. Los escoceses dan una prue- 
ba de su buen gusto, eligiendo nuestra bahía 
como residencia veraniega. Lagos azules, 
montañas verdes y panorama pintorescos 
Tierra abierta y horizontes amplios. ¡Natu- 
raleza bravia! Me abruman las calles estre- 
chas y las casas en grupo donde el aire y la 
claridad penetran sin holgura. ¡Qué bien se 
respira aquí! 

Grim ¡Y qué luz la de ese Sol! 

Ketty ¡Con esa luz hace alegría para nuestras al- 

mas!. . En cuanto llego aquí siento unas ga- 
nas de cantar, de correr... ¡Todo aquí está 
risueño!... Hallo en el campo no sé qué ven- 
turosa frivolidad que me convierte en ma- ! 
riposa... ¡Quisiera tener alas, abrazar el Sol!... ) 
¡Y aquí todo parece mío! 



— 21 - 

Grim Hay mucho de tu propiedad. Este será tu 

¿ reino; tú, mi reina y señora. 

Ketty ¡Bravo, Grim! Aquí serán mis caprichos 

reales decretos, mis peticiones leyes... Igual 

que Duncan 2.° ¿No es esto de la cronolo- 
gía...? 

Grim Yo te diré; Duncan 2.o... 

Ketty No quiero saber más. 

Grim Bueno. 

Ketty Tú eres, desde este momento, el primer mi- 

nistro de la Corte de Ketty 1. a 

Grim (con solemnidad cómica.) A los reales pies de 

vuestra majestad! Seguid, señora, repar- 

f tiendo cargos. Lord Clayton, médico de cá- 

mara. 

Ketty ¡No! que es muy capaz de aceptar y estamos 

perdidos. ¡Ministro! 

Grim ¡Majestad! 

Ketty - Voy á hacerte una revelación de transcen- 
dencia. 

Grim (¡Dios nos asista!) 

Ketty Se me ha ocurrido un disparate. 

Grim No es extraño. 

Ketty ¿Cómo? 

Grim Digo que... se te puede ocurrir lo que 

quieras. 

Ketty Tu reina quiere casarse. 

Grim ¡No sabía nada! 

Ketty Ya te lo digo yo. 

Grim Pero ya que lo piensas, no lo digas. 

Ketty ¿Por qué? 

Grim Porque las tonterías no se cuentan. 

Ketty Bueno. Está acordado en consejo que la 

reina se case. 

Grim Habrá que buscarle novio. En general, las 

personas reales no tienen derecho de elec- 
ción. 

Ketty Mas, como aquí se trata de una reina abso- 

luta, la reina hará lo que le dé la gana. 

Grim Y hará muy bien. Continúan los disparates. 

Ketty ¿Cómo? 

Grim Nada; que resigno otra vez el mando. 

Ketty En apoyo de mi decisión quiero que recuer- 

des las palabras de mi padre. - 



6 22 — 

Grim «Ketty no podrá casarse hasta la mayoría de 

edad, pero nadie podrá torcer su decisión 
sea quien sea el elegido.» 

Ketty Textual. 

Grim ¿Tienes candidatura?... ¿Has pensado ya?... 

Ketty ¡Ay, sí!... Estoy enamorada. 

Grim ¿De quién? 

Ketty No lo sé. 

Grim Eso sí que es nuevo. 

Ketty De un ser imaginario. 

Grim ¿Cómo damos con ese fantasma? 

Ketty No será difícil. . 

Grim ¿Tú querrás un novio millonario? 

Ketty O pobre; me es igual. Pero, desde luego, no 

quiero uno de esos tipos, estirados, víctimas, 
del almidón, que van alargando el cuello,, 
como las cigüeñas y retorciéndose las guías 
de un bigote que no existe. 

Grim Ya tenemos un punto de partida. Tú quie- 

res un hombre con toda la barba. 

Ketty Quiero un hombre fiero, audaz, atrevido... 

Grim ¡Conquistador! 

Ketty ¡Jamás! Esa es la condición que exijo, que 

no haya querido nunca, que sea yo su pri- 
mera pasión... ¡la única! 

Grim Vamos, un salvaje. 

Ketty Si es preciso, asi. En perfecto estado selvá- 

tico. 

Grim Pues... ¡al África! Un hombre así no puede 

hacerte feliz. ¿Cómo quieres que un bruto?... 

Ketty Tendrá un corazón sano; no sabrá decir las 

simplezas de los trovadores de Edimburgo. 

Grim ¿Qué ha de saber? Esos bárbaros hacen vida 

montaraz. 

Ketty Son fuertes, vigorosos... 

Grim Y viven en la soledad más absoluta. 

Ketjly Como yo quisiera vivir. Sola con él, sin ce- 

remonias ridiculas, lejos de la gente, sin 
testigos... ¡Como en una isla de amor! 

Grim Y sin celos porque, en la montaña, no ten- 

dría con quién engañarte. 

Ketty Allí pasaría la? horas muertas oyendo can- 
ciones llenas de poesía... 

Grim ¡Qué chifladura por el campo! Buena la he- 

mos hecho... 



- 23 — 

Ketty ¿Te acuerdas de aquella?. .. ¿Cómo empeza- 
ba?... (Cantando.) 

Es la flor del granado 

lo mismo que tu boca... 

Mas la flor, al mirarte, 

se marchitó envidiosa. 

Sí... 
Grim ¡Si que es bonita! 

Ketty ¿Cómo sigue? 

Grim (Cantando muy mal.) 

Mas la flor, al mirarte, 
se marchitó envidiosa. 
Si... 

Ketty Sigue. 

Grim Sigue pero no me acuerdo. 

Ketty Quiero oiría, Grim. 

Grim Hija mía... ¿cómo? 

Ketty Buscando por ahí alguien que la sepa bien. 

Grim Y quieres que yo vaya preguntando uno por 

uno... 

Ketty En alguna posada vecina... Donde haya pas- 
tores... Gente del campo... Para eso te he 
nombrado mi primer ministro. 

Grim Pero, ven acá, pobre criatura... 

Ketty (Enojada.) ¿Qué es eso? Si hasta hoy he sido 
la niña, la muñequita sabia, como tú dices 
que me llaman, desde ahora soy la señorita 
Ketty, mayor de edad... Quiero oir esa can- 
ción. Ofrece cinco libras de premio al que 
% mejor la sepa, al que la cante con más dul- 
zura. 

Grim No vale la pena. 

Ketty Diez; quiero oiría. 

Grim ¿Diez libras esterlinas? Mujer que no va á 

venir Anselmi á cantarla. 

Ketty ¡Busca, busca! 

Grim ¿Tenor ó barítono? 

Ketty (cogiendo la escopeta.) ¿Te burlas? 

Grim Voy inmediatamente. 

Ketty Aquí te aguardo matando pájaros. 

Grim Espera, espera á que yo esté á dos kilóme- 

tros. 

KETTY ¡Si no te vas! (Amenazándole.) 

Grim ¡Tira, hija mía! ¡Me da en la cabeza! 



— 24 — 



Ketty ¡Obedece á tu reina! 

Grim (solemne.) ¡A los reales pies de vuestra ma- 

jestad! (Saluda con una profunda reverencia y mu- 
tis izquierda.) 



• ESCENA VII 

KETTY, con la escopeta en la mano. A poco DIANA por la casa. 
Breve pausa 

Ketty (pensativa.) ¡Un hombre que no haya querido 

nunca!... No habiendo aprendido la vida de 
la sociedad no sabrá engañarme. ¡Que sea 
yo su primera pasión, la única! ¡Lo mismo 
que buscan ellos en la mujer! ¿Será esto 
una quimera de mis ilusiones? (pausa breve.) 

Diana (saliendo.) ¿Te han dejado sólita? 

Ketty Sólita; ya lo ves. 

Diana ¿En qué piensas? ¿Estás triste? 

Ketty No; reflexiva. 

Diana Ketty... ¿qué tienes? ¿No decías hace poco 

que esta casita era tu encanto? 

Ketty Sí, Diana; así es. Amo el campo, la senci- 

llez de sus costumbres, la inocencia de los 
sentimientos. Yo he leído muchos libros 
que ío pintan así. Allá abajo, en Edimbur- 
go, todo me parece artificial. Ser aldeana es, 
para mí, estar muy cerca de la dicha que 
he soñado. ¡El campo! ¡La luz! ¡Las flores! 
Las flores no necesitan agua de colonia para 
oler bien. 

Diana En el campo estás; aquí puedes vivir siem- 

pre... ¿Por qué te hallé pensativa? 

Ketty No sabría decírtelo. Un vago temor de no 

alcanzar lo que se ambiciona. Locuras de la 
imaginación... ¡qué se yo!... El mundo está 
mal organizado! 

Diana Hija mía... ¿qué dices? 

Ketty Me lo parece á mí. 

Diana ¿Qué sabes tú del mundo, pobreeita? 

Ketty Lo que he leido, lo que me han contado... 

Oye, mi querida Diana... ¿no crees tú que 
los hombres debieran cazarse como los pá- 
jaros? 



— 26 — 



Diana 

Ketty 

Diana 

Ketty 

Diana 

Ketty 
Diana 

Ketty 

Diana 
Ketty 
Diana 

Ketty 
Diana 
Ketty 
Diana 
Ketty 
Diana 



¡Dios mío, qué desatino!... ¿Para qué, si 
ellos solos vienen á la mano? 
Así podríamos elegir, como eligen ellos. A 
la mano vienen los que quieren venir; no 
los que una quiere que vengan. 
Eso también es cierto. Sin embargo, cuando 
llega uno puedes elegir entre no hacerle 
caso ó dejarle que se acerque. 
Si el que viene no me gusta y el que me 
gusta no se entera, estamos en el mismo 
caso. 

Mira, hija mía, habla de todo eso con tu 
preceptor porque yo, no sé qué decirte... 
¡Razonas de un modo! 

¡La escopeta, bien manejada, sería una so- 
lución! 
Pues, anda, levanta el gatillo que ahí tienes 

donde tirar. (Señalando á la izquierda.) 

(Mirando.) ¡Clayton! ¡Se le hacía muy largo 
el tiempo! 

¿Dónde está mi marido? 
Fué a un encargo. No tardará. 
Ya me diréis cuando se come para prepa- 
rar... 

Hemos almorzado en el tren. 
De todos modos... 
Luego. Yo no tengo apetito. 
Te dejo con el pájaro. 
Sí; que la entrevista va á ser interesante. 

(Haciendo mutis por la casa.) ¡Está Criatura está 
loca! Mire USted qué ideas... (Pausa breve. Ketty 
mira hacia el lado izquierdo viendo llegar á lord Clay- 
ton.) 



ESCENA VIII 

KETTY. Por la izquierda LORD CLAYTON 

Ketty Rubio como un tigre, espumoso como el 

Champagne y molesto como un tábano, 

GlAY. (Aparece, se para y saluda.) Nos despedimos hasta 

luego y luego... es ahora. 
Ketty ¡Qué deprisa caminan los minutos para 

usted! 



- 26 - 

Glay. A sesenta por hora. Aquí estoy, pues, en el 

campo de batalla y avanzando resuelto hacia 

el enemigo. 
Ketty Ya ve usted que el enemigo está sobre las 

armas. 
Clay. Tiene usted un ingenio adorable; tan ado* 

rabie como su belleza. 
Ketty jGracias! Ya empezamos. 

Clay. ¿Qué? 

Ketty Que suprima usted los adjetivos. Detesto las 

lisonjas inoportunas. 
Clay. Un espejo sería el mejor testimonio... 

Ketty Los espejos no mienten como los hombres. 

Tengo un abanico, regalo de un amador, 

que es modelo de mentiras galantes. 
Clay. ¿Con algunos versos? 

KETTY Dicen así: (Recitando burlonamente.) 

«Tu piel es como el nácar, tus dientes como 

[perlas, 
tu pelo es como el oro, tu frente de marfil; 
corales son tus labios, de cisne tu garganta, 
tus ojos ¡ay! tus ojos, son de ópalo y zafir.» 

Clay. ¡Poético inventario! Ajustado á la brillante 

belleza de la obsequiada. 

Ketty De modo que... ¿también usted cree que yo 

llevo encima todas esas cosas? 

Clay. Están á la vista: Perlas, corales... 

Ketty Muy bien. Pues yo tuve la humorada de en- 

cargar á un pintor mi retrato, copiando todo 
eso al pie de la letra. 

Clay. ¡Peregrina ocurrencia! 

Ketty ¿Sabe usted lo que resultó? 

Clay. ¡Una preciosidad! 

Ketty Una caricatura extravagante, un montón de 

piedras preciosas sobre un cuello blanco, 
torcido y con plumas. ¡El cisne! 

Clay. ¡Ohl el pintor no supo interpretar al poeta! 

Ketty ¡Con pasmosa exactitud! Y yo se lo envié 

diciéndole: «Ahí va mi retrato tal y como 
usted me ve. Si yo soy así, nada se parece 
menos á una mujer que su propio retrato.» 
El poeta comprendió la burla y... ¡hasta 
ahora! ¿Ha encontrado usted la moraleja? 

Clay. Creo que sí. (sonriendo.) 



— 27 - 

Ketty Quedan, pues, suprimidas definitivamente 

las lisonjas. 

Clay Es pedirme un imposible. 

Ketty ■ Mudemos de conversación. Usted sólo sabe 
hablarme de su amor, 

Clay. Si usted me diera alguna esperanza... 

Ketty ¡Vuelta ! 

Clay. ¿Qué he de hacer?... 

Ketty Decirme algo nuevo. 

Clay. Señorita... los labios traducen fielmente al 

corazón. ¿Sabe usted lo que es el corazón? 

Ketty ¡Vaya! «Un cuerpo sólido, musculoso, en 

figura de cono que, casi todos, llevamos en el 
lado izquierdo, donde late continuamente; el 
órgano principal de la circulación de la san- 
gre», etc., etc. Ya ve usted si lo sé de corrido. 

Clay. Algo más dice el Diccionario. En lenguaje 

figurado significa: «Afecto, voluntad, cariño, 
inclinación, ternura...» Todo lo que yo sien- 
to por usted. 

Ketty ¡Palabrasl Lo de siempre. El arte de trastor- 

nar las imaginaciones jóvenes, como la mía. 

Clay. Ponga usted á prueba mi fe... 

Keity Va usted á perder más. 

Clay. Estoy seguro de lo contrario. 

Ketty Creo que no es usted el hombre que yo sue- 
ño... Tiene usted gran simpatía, distinción .. 
pero todo en usted me parece estudiado, 
artificioso. La sinceridad no sabe escoger las 
palabras y usted lo dice todo muy bien. 

Clay. Gracias. 

Ketty Me ofrece usted un amor de salón; frío, ce- 
remonioso, en fin, como es usted; el estilo 
es el hombre. 

Clay. (Sorprendido y contrariado.) ¡Ketty! 

Ketty ¿Sería usted capaz de andar á palos con tres 
zafios de la montaña y derribarles? ¿Galopa- 
ría usted sobre un potro sin bridas ni estri-, 
bos? ¿Lucharla usted con una fiera? ¿Maneja 
usted las armas? ¿Domina los elementos?.., 
¿No?... Pues es usted un hombre de porce- 
lana. 

Clay. Si demuestro que soy capaz de todo eso... 

¿habré dominado su desdén?... ¿Qué quiere 
usted que yo haga? 



Ketty 

Clay. 

Ketty 



Clay. 

f 

Ketty 

Clay. 
Ketty 

Clay. 
Ketty 

Clay. 

Ketty 

Clay. 

Ketty 

Clay. 

Ketty 

Clay . 



Kei ty 



(•) 



Ketty 

Clay. 

Ketty 



- 28 - 

¿Es usted tirador? 

Y bastante seguro. 

Ahí va la escopeta. Está cargada. Espéreme 

USted Un instante. (Le da la escopeta y hace mu- 
tis por la casa.) 

¿Qué pretende esta criatura singular? ¿Qué 
pide? ¿Fierezas? ¿Temeridades? ¿Locuras? 
¡Lo que quiera! No me atrevo á confesar que 
la pasión le está dejando ya el sitio al amor 
propio, y, sin embargo... 

(.Vuelve rápida; trae un retrato suyo, de tamaño co- 
rriente, en la mano.) ¿La conoce usted? 
¡Bonito retrato! 

Este sí se parece á mí. Esta figura simboliza 
al enemigo. Haga usted fuego sobre ella. 
¿No se alarmarán? 

Es de salón; no hace ruido. Si hiere usted 
en el corazón... 
¿Se decide en mi favor la victoria? 

Y seré su mujer. 
¡Asegúrelo usted ya! 

¡Si no le tiembla el pulso! 
¡Si no mueve usted la mano! 
No sería noble entre enemigos como nos- 
otros. Al primer disparo y á la voz de mande. 

Cuando USted quiera. (Ketty, en el lado derecho 
de la embocadura, con el retrato en la mano estirando 
el brazo. Lord Clayton, en el izquierdo, apunta inmó- 
vil al retrato.) 

¡Prevenidol... ¡Fuego! (Lord Clayton dispara y 
Ketty examina el retrato con rapidez, mientras se acerca 
á ella Lord Clayton.) (*) ¿Lo ve USted, milord? 



(Si por deficiencia del arma ó imprevisión del atrezzis- 
ta «no sale el tiro», los actores, ya prevenidos, le ha- 
rán creer al público que la escena "es así», salvando 
de este modo el incidente.) 

Primer contratiempo. Ahí va otra cápsula. 

No es culpa del tirador. 

Seguramente. ¡Prevenido! ¡¡Fuego!! (ei mismo 

juego indicado anteriormente. Si falla la segunda vez... 
entonces que echen el telón y que llamen al atrezzista 
á Contaduría, para convidarle á café en nombre del 
autor.) 



—. 29 ^., 

Clay. ¿Qué? 

Ketty El corazón ileso. 

Clay. ¡Malhaya mi suerte!... Es que el arma... 

Ketty (interrumpiéndole.) Me ha herido usted en lar 

cabeza. ¡Símbolo de esta prueba: quería usted 
trastornarme la imaginación con palabras 
bonitas. ¡Sus disparos no van al corazón! Por 
esta vez le ha pido á usted contraria la for- 
tuna. ¡Soy libre! ¡Libre! ¡Tiene usted que 
asegurar la precisión! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Pobre 
Lord Claytonl ¡Soy libre! (Mutis rápido, anima. 

dísimo, encomendado al talento de la actriz que se va» 
riendo á carcajadas y sin dejar hablar á Lord Clayton 
que la sigue, dando señales de gran contrariedad. Este 
deja la escopeta apoyada en la casa.) 

Clay. ¡Confiar la suerte de dos corazones al acierta 

de un tiro! ¡Qué locura! ¡Qué insensatezt 
¡Pero no vuelvo la cara al enemigo! ¡Si no 
triunfa mi pasión .. triunfará el amor pro- 
pio! (Mutis rápido por la izquierda.) 



ESCENA IX 

KETTI por la casa. A poco GLOVER por el fondo izquierda con la 
cayada 



GLOVER (Dentro y cantando á distancia. La voz debe oirse 

cada vez más cerca.) 

Es la flor del granado 
lo mismo que tu boca. 
Mas la flor, al mirarte, 
se marchitó envidiosa. 
Si el color de tus labios 
ha de causar su muerte, 
vuelve, vuelve la cara, 
niña, cuando la encuentres. 

KeTTY (Ha salido, durante la canción á la puerta de la casa 

donde queda extasiada oyéndola.) Mágica influen- 
cia la de esa canción. ¿Quién será?... Esta 
parece un efecto teatral preparado por 
Grim, escondido, con el cantor, entre los- 
árboles. 



— 30 — 

GLOVER » (Cantando mucho más cerca.) 

Tienes labios de rosa, 
tienes ojos de cielo; 
vuelve, vuelve la cara, 
niña, no quiero verlos. 

(éale resueltamente y se dirige á la casa. Ve A Ketty 
en la puerta y se para, mirándola, sin saber qué decir, 
con gran turbación y como queriendo conocerla. Ketty 
baja lentamente los escalones, mirando al pastor de 
hito en hito. A medida que esta avanza retrocede Glo- 
ver hacia la izquierda. Pausa.) 

Ketty ¿Cómo te llamas? 

'Glover Glover, señorita. Aunque más me conocen 

por «Trespedrás». 
Ketty Extraño mote. 

Glover Me lo han puesto los chicos porque saben 

que yo, de tres pedrás, quito á uno de en 

medio. 
Ketty ¡Hola! 

Glover La primera se la doy en la frente, lo tumbo 

patas arriba y... casi siempre me sobran las 

otras dos 
Ketty ¿Qué oficio tienes? 

Gix>ver Ninguno. Soy pastor y guarda del Castillo, 

para servir a usted. Allí tengo la choza. 
Ketty ¡Ah! Pues, esa era la canción. Tú has gana- 
do las diez libras que yo ofrecí. 
Glover ¿Diez libras?... ¿Una fortuna por cantar?... 

¿Y para mí? 
Ketty ¡Sí, hombre!... ¿De qué te asustas? ¿No te lo 

ha dicho el señor Grim? 
Glover No le he visto... no sé si ha llegado. 
Ketty Extraña casualidad. Venías cantando pre- 
cisamente... 
Glover Costumbre; por el campo se canta cuando 

se va solo, para no ir tan solo. ¿De modo 

que el señor Grim?... 
Ketty Está en Obán. Hemos venido juntos. 

Glover ¿Usted es aquella chiquilla — digo— usted es 

la señorita Ketty? 
Ketty ¿Te acuerdas de mí? 

Glover ¡ Mucho, señorita! 
Ketty Llámame Ketty; Kettyna, como entonces... 

Acércate, hombre, no temas. Ven acá. (Glover 



— 31 — 

avanza tímidamente dos ó tres pasos.) (¡Qué intere- 
sante es!...) ¿Vives solo en la montaña? 

Glover ¿Con quién si no?... 

Ketty ¿Bajas poco á la ciudad? 

Glover Casi nunca; estoy hecho un salvaje. (Riendo 

fuerte.) 

Ketty ¡Qué sencillez! 

Glover Hoy, porque he bajado á pedirle una esco- 
peta á la señora Diana. 

Ketty ¿Para cazar? 

Glover Para matar una raposa que me roba las ga- 
llinas. ¡Si fuera un hombrel 

Ketty ¿Qué harías? 

Glover Cobrarme á golpes, pero como es un bicho 
que corre más que un rayo, necesito algo 
más ligero que sus patas. Echándole mano,' 
con el cuchillo me bastaba. 

Ketty ¿No tienes miedo? 

Glover ¿De qué? 

Ketty Dime.. ¿no te cansa esa vida triste de aisla- 
miento?... ¿No te acomete el ansia de ver 
otro mundo de que habrás oído hablar? 

Glover ¿Para qué? Como no lo he visto, no sé si 
aquello será mejor que lo otro. Sólo sé que 
allá arriba soy el amo y soy feliz. El viento 
y el agua, me los envía el cielo para mis 
tierras... Los árboles viejos y los arroyos que 
juegan al escondite con la luz del día, me 
hacen olvidar el verano... Los troncos secos 
me dan calor en invierno... Algunas veces, 
me da la tristeza de verme solo... Siento 
aquí (En el pecho.) el peso de una pena que 
no sé cuál es... Entonces, me asomo á los 
picos altos de las montañas; contemplo la 
bahía de Obán, los lagos, las casitas rodeas 
de verde... 

Ketty Un panorama para recreo de los ojos... 

Glover ¡Pero todo á mis pies, como si yo fuera el ' 
gran señor del Castillo! Hay otro que vive 
más alto que yo; el sol y al verlo, le saludo 
diciéndole: «¡Gracias, vecino! ¡Mira qué bien 
alumbras mi paisaje! ¡Mira cómo domino el 
mundo!...» ¡Pobre de mí!... Cuando me figu- 
ro que soy el amo de todo aquello, se me 



- 32 — 



Ketty 



Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 



quita el peso de encima y me echo á reir de 

haber creído que estaba triste. 

¡Me encanta el oirte hablar!... ¡Lord Clayton 

no entiende esta poesía del campo!... Pero,. 

dime, ¿siempre solo? 

Con mis animaluchos. 

¿No dejarías la montaña? 

¡Por nada! (Con resolución.) 

¿Ni por una mujer? 
Por una mujer... 

¿Qué?... (Con mucho interés.) 

Me la llevaría á la choza. 

¿Eres capaz de enamorarte? 

No sé cómo será eso. 

¿No sabes lo que es amor?... 

Puede que no, vamos, yo no sé explicarme... 

Digo yo que el amor... será una cosa que... 

No te esfuerces en buscar la definición. 

¡Tiene tantas!... La más exacta es la que estáv 

por decir. ¡Quizá la que tú sientes! 



ESCENA X 

DICHOS. GRIM, por el fondo izquierda. Al ver á los anteriores 
queda, al paño, escuchando 



Grim (¡La reina charlando con ese adánl) 

Ketty ¿Tú no has amado nunca? 

Glover No, señorita. 

Grim (¡Qué va á hacer ese bárbaro!) 

Ketty ¿Y dices que te acordabas de mí? 

Glover ¡Siempre!..-. ¡Con mucha alegría! 

Grim (¡Demonio!) 

Ketty ¿Te era muy agradable mi recuerdo? 

Glover Sobre todo cuando yo cantaba aquellas co- 
sas que usted aprendía. 

Grim (¡Ya pareció Anselmi!) 

Ketty ¡Todo eso es amor! 

GLOVER ¿Sí? (Muy extrañado.) 

Ketty Glover... ¡tú me quieres!... ¿verdad? 

Glover . (Turbadísimo.) Señorita... 

Grim (¿Qué dice esa criatura? ¡Válgame Jaco- 
bo 5.°l) 



— 38 — 

Ketty Confiésalo sin temor... También yo te re- 
cordaba, repetía tus canciones y, en mis ho- 
ras tristes, soñaba encontrar la felicidad 
junto al castillo de mis padree, donde tú 
estás... Habla, Glover, sigue... ¿qué me di- 
ces? (Muy amorosa.) 

Glover (con aflicción cómica.) Que me dé usted la es- 
copeta para que no me roben las gallinas. 

Grim (¡Me alegro!) 

Ketty (indignadísima.) ¡Eres un cobarde! 

Glover (Afligido, á punto de llorar.) ¡Eso no, señorita! 
Soy un pobre hijo del campo, y usted... ¡una 
Condesa! La hija de los señores. , 

Ketty ¿Qué importa? 

Glover Estamos muy lejos uno de otro... hasta por 
la manera de vestir... 

Ketty ¿Es la ropa la que te asusta?... Yo sabré acer- 
carme á tu rústica sencillez. Espera. No t9 

muevas de aquí. (Mutis rápido por la casa. Grim, 
que ha seguido la escena con todo interés, sale del es- 
condite dispuesto á asesinar al pastor. Este llora sin 
comprender lo que le pasa; no se esperaba él esa com- 
plicación con Ketty.) 

Grim ¡Se ha vuelto loca!... ¡Ketty!... ¡Ketty!... (Lla- 

mándola ) Reflexione vuestra majestad... (a 
Glover.) ¡¡Vas á morir!! 

Glover Sí, señor; no sé lo que me pasa... Pero mire 
usted, señor Grim, yo... 

Grim ¡Vas á morir de mala manera!... ¡Yo te traeré 

un médico que se encargue de eso!... ¡Imbé- 
cil!... ¡Estúpido!... ¡Animal!... (Mutis por la casa 
detrás de Ketty. Glover sigue llorando.) 

Glover ¿Qué he hecho yo?... ¡Bien empleado me 
está!... ¡Siempre que bajo del castillo me 
ocurre alguna desgracia!... 

ESCENA XI 



GLOVER llorando. Por la derecha del fondo SIB, SIRIA, GERMANA 
y RÓMULO 

Sib ¡Glover!... ¿Qué te pasa? 

Siria ¿Lloras? 

Rom. ¡Un hombre que llora! 



Ger. 
Glover 

SlB 

Glover 

Siria 

Glover 

Sib 

Glover 

JlÓM. 

Siria 

Glover 

Sib 

Glover 

Ger 

Glover 



Sib 
Glover 



¡Grave debe de ser lo que Séaí 

¡Tengo muchas ganas de llorar y no sé por 

qué!... 

¿Que no lo sabes? 

¡No! 

¡Es que lo callas! 

¡Que no! (Llora más amargamente y los otros ríen á 
carcajadas.) 

¿Quién se aflige de esa manera sin tener por 

qué? 

¡Podéis creerlo!... 

¡Eres tonto! 

¡Algún susto! 

¡Eso! Que me ha cogido de pronto y... 

¿Quién? 

¡Una mujer muy guapa! 

¿Una mujer?... (Nuevas risas de todos.) 

¡Sí!... ¿Qué hay?... (Muy incomodado y dejando de 

llorar de repente.) ¿Quién hace suf rir á los hom- 
bres más que las mujeres?... ¡Me ha llamado 
cobarde!... 

¿A ti?... ¡Haberle dado un palo!... 
¡A ella no, pero á cualquiera de vosotros!... 

(Amenazador. Las mujeres se interponen al ver que 
Glover levanta el palo que lleva.) 



ESCENA XII 

DICHOS; por la puerta de la casa GRIM 

Grim ¿Dónde está ese bárbaro?.., 

Glover ¡Stñor Grim! 

Grim Ven acá, rústico incivil. . (cogiéndole por un 

brazo con malos modales. Interés en los demás.) ¿ lu 

crees, desventurado ignorante, que el premio 
de mis desvelos por educarla, puede ser tu 
mano de esposo?... ¿Tú crees que la hija de 
los Condes se puede casar con un salvaje?... 
¡Una muñequita en tus manosl... 

Glover ¡Toma, que era muy difícil ya lo he pensao 
yo!... 

Grim ¿Difícil?... ¡¡Imposible!!... ¿Sabes tú algo de 

la cronología de los reyes de Escocia?... 



— 36 — 



Glover 
Grim 
Glo* er 
Grim 

Glover 
Grim 

Glover 
Grim 
Glover 
Grim 



Glover 



Grim 



¿Hace falta eso para casarse?... 
¡Sí, señor! 

¡Se lo ha dicho ella todo!... Yo no... 
¿Quién te manda venir aquí cantando la flor 
del granado ni la flor del tomate?... 
Yo no sabía.,. 

¡Vete de aquí!.,. ¡Va á ocurrir una desgracia 
porque hay un médico de por medio! 
Pero, señor Grim, si fué ella la que... 
¡No sabe lo que se dice! 
La gusta el campo... 

Ahora el campo; se está vistiendo de pasto- 
ra... Mañana será la ciudad. Ni la ciudad ni 
el campo... Veleidades de criatura... La cues- 
tión es variar. 

Bueno; ya me voy. Déjeme usted la escope- 
ta y.... á ver esas diez libras que me ha dicho 
la señorita... 
¡Diez palos si no te vas ahora mismo!... 

(Amenazándole. En este momento aparece en la puerta 
de la casa Ketty ataviada de «sencilla pastora». Cabello 
suelto, sombrero de paja con flores chillonas, blusa ó 
camisa blanca, falda de colorines, zapato de cuero, 
etcétera, etc., al criterio de la actriz. Es un traje que 
se supone improvisado con prendas de la moza de ser- 
vicio. Gran espectación al verla aparecer.) 



ESCENA XIII 



DICHOS, KBTTY por la casa baja á la escena. Detrás DIANA y 
MAYA, que también bajan 

Varios ¡La señorita! (silencio y pausa.) 
Ketty ¿A qué viene ese asombro? 

GRIM ¡Ketty! (Con reconvención.) 

Ketty ¡Tutor! (con sequedad.) ¿No me dejó mi padre 
la libertad más absoluta para elegir marido? 

Grim (Extendiendo el brazo.) ¡ Juro que es cierto! 

Ketty Pues bien, me educaron para la vida de 
sociedad, pero yo quiero huir de ese mundo 
inicuo, lleno de hipocresías... Adoro el cam- 
po y me caso con Glover; un pastor. (Asom- 
bro general.) 



36 



Todos 

Grim. 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Diana 

Grim 



Ketty 



Girm 
Ketty 



Diana 

Ketty 

Diana 

Sib 

Siria 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Glover 

Ketty 

Grim 



¡¡Gloverll (Este sonríe mirando á los demás.) 

(¡Se sale con la suya!) 
¿Es algún desacierto? 
¡[Envidiosos!! 

¿No podéis explicarme vuestra sorpresa? 
Eso es, que la expliquen, vamos á ver. 
¡Niña mía! (suplicante.) 

(imperioso.) ¡Diana! No tuerzas su voluntad. 
¡Son bodas reales! ¡Ya verás qué bonitos re- 
galos le ofrece el príncipel Un pañuelo de 
hierbas y un atado de flores. ¡Claro! ¡Un 
humilde presente! 

¿De dónde sacas tú que las flores son un 
«humilde presente»?... ¿Hay algo más bello 
en el mundo? ¿No me has dicho tú mismo 
que los griegos llamaban á las flores «la 
fiesta de la vida»? 
Bueno. No estoy para fiestas. 
¿Qué podéis decirme? ¿Que Glover es un 
rústico de la montaña? Pero en cambio ten- 
go la seguridad de que soy ¡el primer amor 
de su juventud! 

¿El primero? (incrédula.) 

Sí, mi buena Diana, ¡el primero! 

¿Y Marta, la hija de Clarmont el cervecero? 

¿Y la pescadora del pelo rojo?... 

¿Y mi prima la pavera?... 

(Asombrada.) Glover... ¿Qué OÍgO? 

La pescadora y la pavera... (sin saber qué decir 

pero queriendo explicarse.) 

¿No me has dicho que estabas solo? 
La verdad, señorita. 
Pero... ¡bajabas á buscarlas! 
¡Nunca!... ¡Subían ellas! 
(con desencanto.) ¡Dios mío, ni en la montaña! 
¡Me alegro! ¡Toma poesía del campo! (a Glo- 
ver.) ¿Conque son ellas las que suben, eh?... 
Pues toma, toma la escopeta. (La coge de don- 
de está y se la entrega á Glover. Ketty queda un mo 
mentó pensativa al lado de Diana. Por la izquierda 
llega Lord Clayton en traje de monte, con cinto, cu- 
eiúllo, escopeta, etc.) 



37 mm 



ESCENA ULTIMA 



DICHOS, LORD CLAYTON por la izquierda 



Clay. 

Ketty 

Clay. 

Ketty 

Clay. 
Grim 



Ketty 
Clay. 



Grim 

Ketty 

Grim 

Ketty 

Clay. 

Kett\ 

Grim 

Clay. 

Grim 

Diana 

Grim 
Glover 

Grim 



Señorita Ketty... 
Lord Clay ton... 

(sorprendido.) ¿Qué significa tan original ata- 
vío? 

Ya lo sabe usted; mi amor al campo, pero... 
desde la ciudad. 
No comprendo. 

Significa, amigo mío, que esta muñequita 
sabia... ¡que tanto sabía! ignoraba que solo 
puede nacerla feliz un hombre que esté al 
nivel de sus delicadezas. 
Perfectamente explicado. Y usted, milord... 
¿á dónde va en ese traje? 
En busca de aventuras extraordinarias. A 
luchar con las fieras y con los elementos. 
A conquistar las hazañas de los hombres 
fuertes y audaces para depositar, después, 
mis trofeos á'los pies de cierta condesita 
soñadora que me ha llamado «hombre de 
porcelana.» 

(por Giover.) Este salvaje puede ir con él. 
¿Para qué? 

Para que te diga lo que es capaz de hacer 
un médico enamorado. 
Mejor testimonio que el mío... digo, si Lord 
Clayton me admite en la expedición .. 
¡Ketty!... ¿Pues no decía usted...? 
¡No supe lo que decía! 
Mi enhorabuena, milord. 
Gracias, señor Grim. 

(a Ketty.) ¿Ves cómo efectivamente se te ha- 
bía ocurrido un disparate? 
¡Cómo era posoble que este zafio!... (por 

Glover.) 

(a Glover.) ¿Qué haces ahí embobado?... 
¿Yo?... Nada. Me vuelvo á la choza y que 
sean felices. No tengo más que decir. 
Yo sí. (a Lord ciayton.) Voy á pedirle un favor. 



- 88 — 

Clay. ¡Lo que sea! 

Grim. Hombre, ya que se lleva usted á mi muñe- 

quita sabia, á ver si hay ocasión de que yo 
pueda volver á enseñar la cronología de los 
reyes de Escocia. 

Clay. ¡Prometido! 

Grim Pues... ¡Viva mi reina! 

Todos ¡Viva! 



TELÓN 



OBRAS DEL MISMO AUTOR 



La casa del duende, apropósito en un acto, original y en verso. 

Bordean x, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en prosa. (*) 

El juicio de Fuenter real, pasillo cómico-lírico, en un acto, divi- 
dido en cuatro cuadros, original y en prosa. (*) 

Los triunviros, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en 
prosa. 

Tres tristes trogloditas, trastada cómico-lírica, en un acto, divi- 
dida en cinco cnadros, original, en prosa y verso. 

Chavea, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en prosa. 

La Sultana de marruecos, juguete cómico-lírico, en un acto, 
original y eu prosa (3. a edición). (*) 

Las manzanas del vecino, cuento viejo en acción, en un acto, 
dividido en cuatro cuadros, en verso y con música. (*) 

Los murciélagos, comedia dramática, en tres actos, cuatro cua- 
dros, original y en verso. (*) 

S. M. el Duro, fantasía cómico-lírica, en un acto, dividido en cua- 
tro cuadros, original, en verso y prosa. 

La víspera de San Pedro, saínete lírico en un acto, original y 
en pro^a. 

Charito, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en verso. (*) 

El caballo de A tila, juguete cómico-lírico, en un acto, arreglado 
del francés, en prosa. 

Mañana será otro día, boceto cómico-lírico y casi ñlosóñco, de 
tipos y malas costumbres, en un acto, dividido en cinco cuadros, 
original, en verso y prosa. (*) 

El sueño de anoche, pesadilla cómico-lírica sin importancia, en 
un apto, original, e.i prosa y verso. 

A vuela pluma, exposición cómico-lírica, en un acto y varios bo- 
cetos, original, en prosa y verso. 

Madrid-* olóu, humorada cómico-lírica, en un acto, dividido en 
cinco cuadros, original, en verso y prosa. (*) 

Los maestros cantores, revista cómico-lírica, en un acto, dividi- 
do en cuatro cuadros, original, en verso y prosa. 

Año nuevo, vida nueva, fantasía cómico-lírica, en un acto, divi- 
dido en cinco cuadros, original y en prosa. 

La danza macabra, sueño cómico-lírico-tenebroso, en un acto, 
dividido en cinco cuadros, original, en verso y prosa. 

Míss'Hisipí, humorada cómico-lírica, en un acto, dividido en cinco 
cuadros, original, en prosa y verso. 

Los cuentos del año, fantasía cómico-lírico-madrileña, en un 
acto, dividido en un prólogo y cuatro cuadros , original, en prosa 
y verso. 

Crispulín, juguete cómico-lírico, en un acto, original, en verso y 
prosa. 

Las hojas del calendario, revista cómico-lírica, en un acto, di- 
vidido en un prólogo y cinco cuadros, original y en verso. (*) 

Los africanistas, humorada cómico-lírica, consecuencia de El dúo 
de La Africana, en u i acto, dividido en tres cuadros, original y en 
prosa (8 .* edición). (*) 



La romería del halcón ó el alquimista y las villanas y 
desdenes inal fingidos, presentimiento cómico-lirico y casi 

bufo del admirable suinete La verbena de la Paloma o elboticario y las 
chulapas y celos mal reprimidos, en un acto, dividido en tres cuadros, 
en verso y prosa. (*) 
El primer amor, juguete cómico-inocente en un acto, original y en 

verso. 
Eclipse de luna, opereta en tres actos y en prosa, arreglada del 

francés. (*) 
El enigma, (Le sphinx), drama escrito en francés por Octave Feuillet 

y arreglado á la escena española, en tres act >s y en prosa. (*) 
La Japonesa, extravagancia eómico-lírico-acrobática, en un acto, 

diviiido en tres cuadros, original y en prosa. 
La boda de los muñecos, juguete cómico-lirico, en un acto, ori- 
ginal, en prosa y verso. (*) 
Madrid-Cómico, revista lirica en un acto, dividido en cinco cua- 
dros, original en prosa y verso. (*) 
Música proibita, juguete cómico-lirico, en un acto, original y en 

verso. 
La lugareña, juguete cómico-lirico, en un acto, original y en prosa. 
Charivari, revista cómioo-lírico-fantástiea, en un acto, dividido en 

cinco cuadros, original, en prosa y verso. (*) 
El fraile descalzo, jugutte cómico, en un acto y en prosa. (*) 
Simón es un lila!, parodia lirica, en un acto y en verso, de la 

ófera Sansón y Dalila. 
El tío Pepe, juguete cómico-lírico, en un acto, original, en prosa 

y verso. 
El mentidero, revista cómico-lírica, en un acto, dividido en cinco 

cuadros, original y en verso* (*) 
Las de Farandul, juguete cómico-lírico, en un acto, original y en 

prosa. 
El mentidero. (2. a edición reformada.) 
Venus-Salón, fantasía cómico-lírica, en un acto, dividido en cuatro 

cuadros, original, en vexso y prosa ',2. a edición). (*) 
El balido del Zulú, p- rodia de la zarzuela La balada de la luz, en 

un acto, dividido en tres cuadros y eo verso. (*) 
Condición humana, j uguete cómico en un acto, original y en prosa. 
La dolora, juguete cómico en un acto y en prosa, inspirado en una 

del ilustre Campoarrior. (*) 
Juan y Manuela, cuento de golfos en acción (imitado de la ópera 
Juanitoy Margarita), en un acto dividido en cinco cuadros, en prosa 
y verso. (*) 
Copito de nieve, zarzuela en un acto dividido en tres cuadros, 

original y en prosa. (*) 
Venus-Salón. (3. a edición reformada. Varias adiciones impresas.) 
El picaro inundo, apropósito cómico-lírico en un acto, dividido 

en cuatro cuadros, (*) 
Eden-flub, apropósito cómico-lírico en un acto, dividido en tres 

cuadros. 
Vida galante, juguete cómico-lírico-transformistaen un acto con 

prólogo. 
¡¡Lagarto!!... ¡¡Lagarto!!... juguete cómico en un acto, escrito so- 
bre el pensamiento de una novela italiana. (2. a edición.) 
«La condesa X», comedia en dos actos y en prosa (2. a edición). (*) 
La niña bonita, juguete cómico en un acto, original y en prosa. 
El secreto de la esfinge, drama en tres actos y en prosa, arre- 
lado del francés. (*) 



El torbellino, comedia en tres actos y en prosa. (*) 

SEacbeth, drama de Shakespeare, adaptación española en cuatro ac- 
tos y en prosa. (*) 

Music-Hall, pasatiempo cómico-lírico en un acto, dividido en dos. 
cuadros, original, en prosa y verso. 

El estuche <le monerías, juguete cómico-lírico en un acto, divi- 
dido en dos cuadros, original y en prosa. (2. a edición.) 

Venus-Salón. (4. a edición, corregida y aumentada.) 

El caballo de batalla, apropósito cómico-lírico en un acto, divi- 
dido en un prólogo y tres cuadros, original y en verso. 

Mar «le fondo, zarzuela en un acto, dividido en tres cuadros, ori- 
ginal y en prosa. (*) 

Eos hijos del sol, opereta en un acto, original y en verso. ('•) 

Eos Campos Elíseos, pasatiempo cómico-lírico en un acto, divi- 
dido en seis cuadros, original y en prosa. (*) 

Venus-BLursaal, (sukursaal de Venus- Salón), pasatiempo cómico-líri- 
co en un acto, dividido en tres cuadros, original, en verso y prosa (*} 

El paraíso de Mahoma, fantasía morisca en un acto, dividido- 
en tres cuadros, original, en prosa y verso. (*) 

¡Pido la palabra!, apropósito en un acto, original, en prosa y 
verso. (2. a edición corregida y aumentada.) 

Ea somba del manzanillo, juguete cómico-lírico en un acto, 
original y en prosa. 

Sábado blanco, capricho cómico-lírico en un acto, dividido en dos 
cuadros, original y en prosa. 

Roberto el "diábolo,, juguete cómico en un acto, original y en 
prosa. 

¡El diablo son los chiquillos!, diálogo cómico-lírico, original y 
en verso. 

El terror de las mujeres, aventura en un acto, original y en 
prosa. 

El jardín de los amores, opereta en un acto, dividido en dos 
cuadros, original y en verso. 

Ea muñequita sabia, comedia en un acto, original y en prosa. 



(*) En colaboración 



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